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Camino y transformación: 
APRENDIENDO A SER FELIZ II (LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO)


El camino hacia la felicidad
consiste en no preocuparse por nada
que escape a mi influencia.
Epiktet

Quien quiere felicidad tiene que adquirir
lo que ningún golpe del destino le pueda arrebatar.
Aurelius Ausgustinos

Disfruta la vida.
No te hagas dependiente de ella.
Depende sólo del Santo de Israel.
En esto consiste la verdadera felicidad.
Juan de los Rios

[1] La riqueza de las expresiones que tienen que ver con la angustia, la preocupación, el miedo y la alegría en la Biblia es enorme.

[2] Algunas expresiones bíblicas de angustia, miedo y preocupación: “El día de mi angustia ”, “la angustia de su alma ”, “vino sobre nosotros esta angustia“, “No os preocupéis, no temáis”, “en el asedio y en la angustia”, “Estoy en gran angustia”, “Vive el Señor que ha redimido mi vida de toda angustia”, “En mi angustia invoqué al Señor”, “este es día de angustia, de represión y de desprecio”, “en su angustia se volvieron al Señor”, “clamaremos a ti en nuestra angustia”, “en gran angustia estamos”, “hablaré en la angustia de mi espíritu”, “la ansiedad y la angustia lo aterran”, “cuando venga sobre él la angustia”, “te atrajo de la boca de la angustia”, “¿te protegerán tus riquezas de la angustia?”, “baluarte en tiempos de angustia”, “porque la angustia está cerca”, “estoy en angustia; se consumen de sufrir mis ojos, mi alma y mis entrañas”, “de la angustia me preservarás”, “invócame en el día de la angustia”, “El me ha librado de toda angustia”, “un refugio en el día de mi angustia”, “Él vio su angustia al escuchar su clamor”, “Angustia y aflicción han venido sobre mí”, “en su presencia manifiesto mi angustia”, “saca mi alma de la angustia”, “cuando venga sobre vosotros tribulación y angustia“, “Si eres débil en el día de la angustia, tu fuerza es limitada”, “tribulación y tinieblas, lobreguez y angustia”, “mis lomos están llenos de angustia”, “por tierra de tribulación y angustia”, “angustia como de primeriza”, “traeré sobre ella angustia y pavor”, “pasarán por el mar de la angustia”, “no os preocupéis”.

[3] Algunas expresiones bíblicas de alegría: “En el día de vuestra alegría ”, “con alegría y con gozo de corazón ”, “Regocijaos”, “se regocijaba con gran alegría”, “alzando la voz con alegría”, “poder y alegría en su morada”, “los árboles del bosque cantarán con gozo”, “con alegría y con cánticos”, “muchos daban gritos de alegría”, “el clamor de los gritos de alegría”, “la alegría del Señor es vuestra fortaleza”, “día de luz y alegría, de gozo y gloria”, “el gozo de su camino”, “vea con gozo su rostro”, “plenitud de gozo”, “a la mañana vendrá el grito de alegría”, “me has ceñido de alegría”, “dad voces de júbilo”, “mi supremo gozo”, “te ha ungido con óleo de alegría”, “el gozo de toda la tierra”, “hazme oír gozo y alegría”, “el gozo de tu salvación”, “mi lengua cantará con gozo”, “los cayados se ciñen de alegría”, “que rebosen de alegría”, “mi corazón y mi carne cantan con gozo”, “En ti están todas mis fuentes de gozo”, “prorrumpid y cantad con gozo”, “volverá con gritos de alegría”, “La esperanza de los justos es alegría”, “dará alegría a tu alma”, “ocupado con alegría en su corazón”, “come tu pan con gozo”, “el día de la alegría de su corazón”, “gozo de generación en generación”, “aceite de alegría”, “gozaos y regocijaos para siempre”, “radiarán de gozo”, “el gozo de tu señor”, “con temor y gran gozo”, “saltó de gozo”, “orando siempre con gozo”, “os regocijáis grandemente con gozo”.
 
[4] En Mateo 6:26-33 y en Lucas 12:22-34, Jesucristo nos invita a no preocuparnos por nuestra vida, qué comeremos; ni por nuestro cuerpo, qué vestiremos. Nos invita a no estar afanados por lo que hemos de comer o beber, y compara este tipo de ocupación mental con tormento. ¿Es posible aprender a no preocuparse por la vida, qué comeremos; ni por el cuerpo, con qué nos vestiremos? ¿ Es posible abandonar el afán por lo que hemos de comer o beber? ¿Es posible no inquietarse por nada y alegrarse siempre en el Señor Jesucristo? Sí, sí es posible; y Jesucristo dice que todo ello depende de la conciencia sobre el valor de nuestra vida (Mateo 6:25-26). En Filipenses 4:4-6, Pablo nos hace un llamado a estar siempre alegres en el Señor Jesucristo. ¡Alégrense!, insiste Pablo, no se inquieten por nada, añade. Para aprender a no inquietarse por nada, es necesario primero entender lo que es un sentimiento, lo que es la autoestima y lo que es la apariencia exterior; pues de la conciencia que tengamos sobre estos conceptos, depende nuestra felicidad y nuestro gozo permanente en Cristo.

[5] Para que podamos entender qué es un sentimiento, quiero primero referirme a las funciones de percepción: la sensación y la intuición. La sensación es nuestra función sensorial, o sea, la función de nuestros sentidos. Ella es el sentido de la realidad por excelencia, que es la suma total del conocimiento de los hechos exteriores que la función de mis sentidos me da. La sensación me dice que algo es: no me dice qué es ni me dice nada más sobre eso; sólo me dice que algo es. Con la sensación captamos los datos a través de nuestros cincos sentidos. Las cosas que captamos con nuestra sensación tienen un pasado y un futuro. Vienen de alguna parte y van a alguna parte, y no podemos ver de dónde han venido ni saber adónde van, pero podemos tener un presentimiento, una corazonada: a esto se le llama intuición. La intuición es una especie de percepción que no pasa exactamente por los sentidos, sino que va a través de lo inconsciente. Es una función mediante la cual vemos lo que hay al  doblar la esquina, lo cual es imposible; pero ella lo hace por nosotros. Con la intuición tenemos una visión global, conseguida por un proceso inconsciente.

[6] Ahora me referiré a las funciones de juicio: el pensamiento y el sentimiento. La sensación nos dice que una cosa es; la intuición, de dónde viene eso o hacia dónde va eso. En su forma más simple, el pensamiento nos dice qué es una cosa, le pone nombre a esa cosa. Añade un concepto, pues pensar es percibir y juzgar. El sentimiento te informa mediante sus tonos sentimentales sobre los valores de las cosas. Por ejemplo, te dice si una cosa es aceptable y agradable o no. Te dice qué valor tiene una cosa para ti. Debido a este fenómeno no podemos percibir sin tener una reacción sentimental. Uso aquí “sentimiento” en el  sentido de juicio, opinión que se funda en una apreciación subjetiva y no en un razonamiento lógico. Por ejemplo: “¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?“ y “¿No valen ustedes mucho más que ellas (que las aves)?”  (Mateo 6:25-26 Nueva Versión Internacional) son expresiones sentimentales, porque se refieren al valor que le damos a la vida, al cuerpo y a la persona en una forma integral (autoestima).

[7] En resumen: Las funciones de percepción: sensación e intuición y las funciones de juicio: pensamiento y sentimiento, se denominan funciones de la conciencia. Uno puede percibir a través de los cinco sentidos (sensación) o a través de la intuición (percepción inconsciente). Uno enjuicia analíticamente (decisiones analíticas) o sentimentalmente a través de categorías personales y subjetivas (decisiones dependientes de valores). Las decisiones analíticas describen un proceso impersonal y lógico de tomas de decisiones, las cuales se basan en los principios del análisis y el pensamiento. Decisiones dependientes de valores, por lo contrario, describen procesos de tomas de decisiones, en los cuales los valores personales y sociales juegan un rol muy importante.

[8] Un aspecto importante de la función del sentimiento nos lo revela Lucas 12:34 (Nueva Versión Internacional): “Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí estará también su corazón”. “Tesoro” es todo aquello (persona o cosa, o conjunto o suma de cosas) que tiene un valor sentimental sumamente importante para nuestra vida. En este caso, lo que nos une a nuestro tesoro es un sentimiento muy intenso. No olvidemos que valoramos algo como sumamente importante a través de la función del sentimiento. Lucas 12:34 quiere decir que todo eso que valoremos con un valor sentimental de “tesoro” nos une a eso, nos ata a eso y crea en nosotros una dependencia emocional con eso. Cuando valoramos algo subjetivamente con el valor de “tesoro”, nos unimos a eso en una relación de dependencia; pues vemos en ello parte o todo el valor de nuestra vida. Todo aquello que tiene un valor sentimental de “tesoro” para nuestras vidas nos fascina y nos atrae, nos hipnotiza y nos sugestiona, nos magnetiza y nos domina, nos capta y nos seduce, que es lo que quiere decir: “allí (en tu tesoro) estará también tu corazón”. La tendencia universal de incorporar a nuestro yo todo lo que consideramos nuestro tesoro, o sea, la tendencia de identificarnos con lo que valoramos como tesoro, infla al yo, y no da la gloria a Dios.

[9] ¿De dónde tomamos nuestros valores sentimentales? Sobre ello nos dice Dios en 1Samuel 16:7 (Nueva Versión Internacional): “Pero el Señor le dijo a Samuel: No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón”. He aquí mi versión de 1Samuel 16:7: Pero el Señor le dijo a Samuel: No permitas que su aspecto o lo grande de su estatura te deslumbre, porque no lo he elegido. ¡El Señor no toma decisiones según normas humanas! El ser humano valora según las apariencias, pero el Señor se fija en el corazón.

[10] El ser humano valora según las apariencias, dice el Señor de Israel. Esto quiere decir que el ser humano le da un valor enorme a las apariencias, o sea, el ser humano se guía, para emitir un juicio de valor (sentimiento), por la impresión sobre sus ojos que le causa la apariencia exterior. Pero a qué nos referimos en forma concreta cuando hablamos de apariencia externa: A la apariencia exterior pertenece: La forma de los ojos y su color, la forma de las cejas y su color, el pelo y su color, la nariz y su forma, la boca y su forma, las orejas y su forma, la estatura del cuerpo, la forma del cuerpo, el color del cuerpo, los dedos de las manos y su forma. El vestido del cuerpo - la ropa hace al hombre (?) -. Los adornos del cuerpo: los anillos de los dedos - ¿son de oro o de plata? -, la pulsera, el reloj, las cadenas - ¿son de marca o no? -. Los zapatos - ¿son de marca o no? -. Los títulos que acompañan al nombre: Doctor, ingeniero, profesor, licenciado, teólogo, predicador, pastor, apóstol, profeta; los títulos de los cargos públicos que acompañan al nombre: Concejal, Diputado, Senador, Gobernador, Presidente,... El lugar donde se vive, La casa donde se vive, el carro que se maneja - ¿último modelo o no? -. La tarjeta de crédito, el dinero, el club, el seguro de vida, las amistades, la empresa donde se trabaja, el vocabulario que se utiliza. La opinión que los demás tienen sobre nosotros, etc.

[11] La apariencia de sí mismo (1Samuel 16:7) que un ser humano ofrece a otro se conoce con el nombre de persona. La persona tiene como finalidad, primero, causar una determinada impresión en los otros y, segundo, ocultar la verdadera naturaleza del individuo.  Esto último lo niegan, quienes se han identificado hasta tal punto con su propia apariencia (persona) que ya no se reconocen ni a sí mismos. Que lo primero no sea necesario, sólo pueden figurárselo los que no son conscientes de cuál es la verdadera naturaleza de sus semejantes. Valorarse o definirse a través de la apariencia externa es causa, en el hombre, de mal humor, miedos, obsesiones, vicios, debilidades, etc.

[12] La autoestima es esencialmente íntima, personal, subjetiva e invisible, porque es un sentimiento de autovaloración. La autoestima es una valoración global que hacemos de nosotros mismos, ella es una valoración subjetiva de la propia persona. Existe una relación entre nuestra autoestima y nuestra capacidad de permanecer estables y felices ante todo tipo de circunstancias. Existe también una relación entre una autoestima baja y todo tipo de problemas psíquicos: angustia, preocupaciones, distorsión de la realidad, obsesiones, miedos y depresiones.

[13] Para aprender a alegrase en el Señor Jesucristo, y a no inquietarse por nada, es importante conocer el valor que tiene nuestra vida para el Santo de Israel. No de balde pregunta Jesucristo en Mateo 6:25-26: ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? O afirma en Lucas 12:24: ¡Cuánto más valen ustedes que las aves! Está claro que Jesucristo nos quiere decir que el Santo de Israel nos tratará mejor que a las aves del cielo, las cuales Él alimenta sin que éstas trabajen, y que a los lirios del campo, los cuales Él viste sin que éstos hilen, porque nosotros tenemos para Él un valor mucho más precioso que ellos. Estamos acostumbrados a autovalorarnos  a través de nuestra profesión, nuestra ocupación durante el tiempo libre, nuestro rendimiento escolar o universitario, nuestra religiosidad, nuestra sexualidad, etc. Pero el verdadero valor de nuestra vida nos lo ha revelado el Santo de Israel en Apocalipsis 5:9 (NVI):
Y entonaban este nuevo cántico:
«Digno eres de recibir el rollo escrito
y de romper sus sellos,
porque fuiste sacrificado,
y con tu sangre compraste para Dios
gente de toda raza, lengua, pueblo y nación
.

O en 1Pedro 1:18-19 (NVI):
Como bien saben,
ustedes fueron rescatados de la vida absurda
que heredaron de sus antepasados.
El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas,
como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo,
como de un cordero sin mancha y sin defecto
.
O en 1Timoteo 2:5-6 (NVI):
Porque hay un solo Dios
y un solo mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre,
quien dio su vida como rescate por todos
.
Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo.

El Precio o el valor que el Santo de Israel pagó por nuestra vida para rescatarnos de la maldición de la ley es la preciosa sangre de Cristo, es la vida de Cristo. La preciosa sangre de Cristo, la vida de Cristo es nuestro tesoro. Si la preciosa sangre de Cristo es nuestro tesoro, en ella estará también nuestro corazón, de ella dependerá nuestra vida. Si el valor global de nuestra vida (autoestima) lo definimos a través del precio o del valor que el Santo de Israel ha pagado por nosotros y no a través de la apariencia exterior, le daremos a nuestra vida un valor eterno que ningún golpe en la vida nos puede arrebatar. Si nos definimos o nos valoramos globalmente a través de la sangre preciosa de Cristo, llenamos nuestra existencia con un sentimiento de eternidad. Si otorgamos a nuestra vida el valor divino que Dios nos ha dado, perdemos la dependencia de las cosas que Dios nos ha dado para disfrutar la vida (1Timoteo 6:17) y nos hacemos dependiente de la vida de Cristo, nuestro tesoro y valor eterno. Si perdemos la dependencia emocional de todo tesoro que no sea la sangre preciosa de Cristo, no nos afanaremos por lo que hemos de comer o beber, dejaremos de atormentarnos, aprenderemos a no inquietarnos por nada (Filipenses 4:4-6).

[14] Si le damos el valor de tesoro a algunas fuentes de valor de la apariencia exterior, tendremos miedo de perderlas; pues ellas nos producen un sentimiento de valor propio. Si perdemos lo que nos hace sentir que somos alguien, nos sentiremos desvalorizados; y este sentimiento de desvalorización es muy desagradable. Por ejemplo: Si nos sentimos importantes porque tenemos una carro último modelo, tendremos miedo de perderlo. Estamos extrayendo valor para nuestra existencia de una cosa que Dios nos ha dado para que la disfrutemos, no para nos hagamos dependiente de ella, valorizándonos a través de ella (1Timoteo 6:17). Si pensamos que nuestra vida depende de los ahorros que hemos acumulados durante los últimos diez años, nos producirá angustia la idea de que podemos perderlos; pues hemos valorado nuestra vida a través de nuestros ahorros. Si albergamos el sentimiento, consciente o inconsciente, más inconsciente que consciente, de que nuestra vida sólo consiste en comer, beber y vestir, estamos desvalorizando nuestra vida; cuestión que nos producirá preocupaciones por ella, qué comeremos o beberemos, qué vestiremos. Jesucristo dijo en Mateo 6:32 que los que se valoran a través de la apariencia externa son paganos: “los paganos andan tras todas estas cosas (la apariencia exterior)”. Es importante distanciarnos de las cosas, o sea, no valorarnos a través de ellas, para que las podamos disfrutar. Si la perdida de las cosas que Dios nos ha dado nos produce miedo, porque las valoramos como nuestro tesoro, no podemos disfrutarlas. Todo lo contrario: nosotros no las tendremos para disfrutar la vida; mas bien ellas nos tendrán a nosotros, y en vez de que nos sirvan, les serviremos. Esto no sucederá si aprendemos a valorar nuestra vida como Dios la valora. Dios determinó el precio para nuestra redención: La preciosa sangre de su Hijo Jesús el Mesías. Con su sangre Jesucristo nos compró para su Padre, el Santo de Israel. La nueva vida que hemos recibido en Cristo le costó al Santo de Israel la muerte de su Hijo en la cruz. Valorizar esta nueva vida en Cristo con un valor diferente al que Dios le ha dado, es desvalorizarla; pues no existe un valor más sublime y un precio más caro para nuestra vida que la sangre preciosa de Cristo. El valor que tiene nuestra vida en Cristo lo hemos recibido del Dios de Israel. No hemos hecho nada por ello, tampoco somos merecedores de ese valor. Valorarnos a través de la sangre de Cristo no infla a nuestro yo, pues el valor que hemos recibido en Cristo es don Dios, no producto de nuestro rendimiento o de nuestra calidad humana.

[15] La sangre preciosa de Cristo el Mesías nos limpia de todo pecado y nos libra de toda culpa; también nos libra de todo falso valor y toda dependencia psíquica. El valor eterno que Dios le ha dado a nuestra nueva vida en Cristo, hace trascender toda nuestra existencia. Dios nos recuerda siempre el valor o el precio que él ha pagado por nuestra vida cuando celebramos la Santa Cena del Señor. El pan y el vino en la Santa Cena son los símbolos del valor de nuestra vida en Cristo Jesús.

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Nota: Versión ampliada de: ¿Cómo ser un cristiano feliz?

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